Malditos Bastardos (2009, Quentin Tarantino)

El otro día estaba por casa, aburrido, sin saber qué película o serie ponerme. Al revisar la estantería vi esta pequeña joya: Malditos Bastardos (Inglorious Basterds) y decidí volver a verla de nuevo ya que esta cinta de Tarantino tiene siete años y pensé que estaría bien refrescarla. Para esta ocasión, el director nos llevará a Francia durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Un tema bastante delicado para llevar a la gran pantalla puesto que, como sabréis, Tarantino no se corta un pelo en mostrar violencia y las cosas tal y como eran, sin maquillaje ni añadidos. Teniendo en cuenta que la temática que trató fue la nazi y que todavía hay mucha gente afectada por dicho tema, Tarantino se pasó por el forro todo ello y mostró, en el fondo, una crítica al cine del Tercer Reich y algo que sorprendió gratamente a la mayoría de espectadores: un final alternativo al de la realidad.
Como siempre, Tarantino empieza sus películas presentando a los personajes que la van a componer de manera individual, es decir, cada uno tiene su pequeño minuto de gloria para poder dar unas pocas pinceladas al público sobre su vida en la cinta. De este modo, al principio, cada espectador, puede “elegir” su bando y el personaje que más le gusta. Pero, cuidado, estamos ante una película de Tarantino, es decir, que aquí muere hasta el apuntador, por lo que nos os encariñéis demasiado con ninguno porque puede que no salga vivito y coleando… o sí. Además, en esta entrega el director tomó la decisión de separar la trama por capítulos como si de un libro se tratase. Lo que ayuda bastante a separar las partes de la trama la una de la otra y apreciar cada una de ellas de forma individual. El escenario, como he dicho, será Francia donde pasaremos por bares nazis, bosques, cines, incluso el “despacho” de Hitler.

Ahora bien, si sois fans de las películas de Tarantino, en Malditos Bastardos encontraréis un ritmo un poco inusual al que el director no nos tiene para nada acostumbrados. Para tratarse de una cinta de guerra y acción es ciertamente lenta y con muchísimos matices de Western, esto es, miradas fijas y largas, creando momentos de tensión que incomodan hasta al espectador, diálogos que no llevan a gran cosa. Si, por casualidad, hace poco habéis visto Corazones de Acero (David Ayer) y buscáis algo similar, que ni se os pase por la cabeza pensar que Malditos Bastardos sigue un esquema parecido.

Pero hay algo que sí me gustaría destacar por encima de todo en Malditos Bastardos. Me refiero al villano, al personaje de Hans Landa interpretado por Chritoph Waltz. La verdad, cuesta una barbaridad no hablar maravillas de un personaje así, es de esos villanos que son crueles y no tienen piedad por nadie pero, aún así, sus buenas formas y su actitud hacen que no puedas odiarle. Probablemente sea el personaje con el que más empaticemos durante el largometraje y con el que nos quedemos al final. Sin él, seguramente, Malditos Bastardos no sería lo que es. Algunos pensaréis ¿por un un personaje cambiaría tanto? Pues sí, porque no estamos hablando de un personaje cualquiera, sino del villano que perseguirá a “los buenos” durante todos y cada uno de los minutos del filme. Un personaje que cada vez que aparezca tendremos los ojos como platos para saber cuál será su próximo paso. Aunque, en defensa de los demás, hay que decir que Malditos Bastardos cuenta con un reparto impresionante, desde Brad Pitt hasta Eli Roth. Todos y cada uno de ellos con una función determinada y necesaria para que los hechos vayan avanzando.

Todo ello, acción y diálogos, acompañado de la música de Ennio Morricone. El italiano sabe, perfectamente, qué tipo de tono utilizar en cada una de las escenas para que el propio espectador pueda imaginarse si lo que va a ocurrir a continuación es bueno, o es malo. Recordad que, posteriormente, ganó el Oscar a la mejor banda sonora trabajando con el mismo director en Los Odiosos Ocho.

Para ir terminando, Tarantino realiza una buena cinta de la Segunda Guerra Mundial en la que no veremos acción como en Salvar al Soldado Rayan pero sí una crítica hacía el cine del Tercer Reich y hacía el régimen que Hitler impuso en Europa. Un tema bastante arriesgado, pero muy bien solucionado por el director y guionista.

Lo mejor: El villano interpretado por Christoph Waltz y el primer capítulo de la cinta. El vestuario, la escenografía y la estética. La música de Ennio Morricone.

Lo peor: El rimo lento de algunas escenas y los diálogos innecesarios que conllevan.

 

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