Gladiator (2000, Ridley Scott)

En el año 180, Roma controlaba la mayor parte del mundo. Máximo Décimo Meridio es el general más importante y querido del Emperador Marco Aurelio, puesto que nunca ha perdido una batalla. Cómodo, hijo de Marco Aurelio, celoso por el trato que recibe Máximo por parte de su padre ordena su ejecución y la de su familia cuando asume el poder. El general consigue escapar de sus opresores pero es capturado por un mercader de esclavos y se convierte en gladiador. Ahora, su único propósito es vengar a su familia. 
‘Gladiator’ fue en su momento la cinta que resucitó el Péplum del cine. Ridley Scott (‘Blade Runner’) y John Logan (‘Penny Dreadful‘) fueron los encargados de realizar dicha tarea en el año 2000, después de que pasarán veinte años, aproximadamente, de la última película sobre romanos que el cine nos trajo. La apuesta fue arriesgada porque, siendo sinceros, no abundan las buenas adaptaciones históricas dentro del género romano. A excepción de ‘Ben-Hur’ (1959) y ‘Espartaco’ (1960). Sin embargo, el director inglés consiguió crear la que se considera, incluso a día de hoy, la mejor cinta ambientada en Roma. Aparte, arrasó en la 73º edición de los Premios Oscar llevándose cinco premios, incluidos el de mejor película y mejor actor para el protagonista: Russell Crowe.

Bajo la locución latina ‘Panem et circensis’, John Logan escribió una historia cercana al estilo de la tragedia griega, donde encontramos a un héroe ficticio que deberá tomarse la justicia por su mano y vengar, así, a su familia asesinada. La historia del único hombre que se atreve a plantar cara a un tirano, aún a coste de poner en peligro su propia vida. Russell Crowe, con un espectacular cambio físico, será el encargado de dar vida a este héroe con sed de venganza que no se detendrá ante nada ni nadie para terminar su última misión. El actor, con tan solo un par de discursos, transmite todos los sentimientos que su personaje siente durante el largometraje (desde ambición y pasión hasta traición y deshonor), sin necesidad de que necesitemos ver lo que le sucedió a su mujer e hijo. Por tanto, aunque se trate simple y llanamente de una historia de venganza, el director se cuida de que el actor lleve hasta el espectador las sensaciones que un hombre traicionado al que se lo han arrebatado todo, podría sentir. Por descontado, Crowe no es el único que consigue recrear a un personaje de diez, puesto que Joaquin Phoenix logra dar vida a un Cómodo odioso y repulsivo dando vida y forma al concepto de tirano que, a medida que pasan los minutos, cada vez está más pálido, cansado y sin ganas de gobernar.

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Ridley Scott, nos empapa y sumerge en el mundo romano justo al empezar el largometraje, representando una batalla entre las legiones romanas contra los germanos en la que solo se escuchan los gritos de los soldados abatidos a causa de las flechas y la sangre empieza a teñir el suelo helado -una primera escena que bebe mucho del desembarco de Normandia de ‘Salvar al soldado Ryan’-. Pasaremos por zonas como Germanía y el Norte de África pero, la acción propiamente dicha, será desarrollada en el Coliseo, donde Máximo deberá superar todos los retos que el estadio le imponga bajo el nombre falso de Hispano. Todo ello acompañado de la magnífica música de Hans Zimmer (‘El Caballero Oscuro’, ‘Interstellar, ‘Origen’), compositor alemán que se luce de una forma espectacular y se mueve como pez en el agua en este largometraje. Parece que Zimmer nació para crear bandas sonoras épicas que te ponen la pelos de punta con tan solo escuchar las primeras notas.

Desde el punto de vista histórico, lo que a muchos probablemente no les quite el sueño, aclarar que, aunque la historia sea completamente falsa, ‘Gladiator‘ cumple con nota (pasable) la recreación de Roma y de su pueblo. De hecho, hay pequeños detalles que no son exactamente iguales pero se asemejan bastante. Es cierto que el Emperador Marco Aurelio murió en las guerras, pero de enfermedad y no asesinado por su hijo Cómodo. Sin embargo, el pequeño detalle de mostrarnos al Emperador enfermo y débil, es una pequeña indirecta que proporciona el guionista avisando de que se ha documentado para ello, pero no lo ha representado como tal. Del mismo modo, Cómodo también peleo en el Coliseo (como sucede al final del largometraje) en más de una ocasión, pero no murió en él. De hecho, murió estrangulado a manos de un gladiador llamado Narciso. De nuevo, ocurre lo mismo, puesto que en la cinta sí que es un gladiador quien lo asesina, pero en la realidad no pasó en la arena.

En cuanto a vestuario sí que presenta alguna que otra tara, sobre todo en los uniformes de los soldados romanos. Aún así, las batallas del Coliseo y, por ende, de los gladiadores son realmente una gozada, incluyendo Il Bestiari, es decir, las batallas contra animales. Escenas comparables a obras de arte como la de Jean-León Gerome en las que la vida de un hombre se decide por pulgar (hacia arriba vida, hacia abajo muerte).

Para ir resumiendo, Ridley Scott creó la obra por excelencia del género romano, con una historia muy sencilla pero que, a su vez, conseguía calar al espectador y resucitar así el interés del público por las películas de romanos. Solo queda por decir, que con Gladiator: “Roma Victis”.

Lo mejor: La ambientación, la historia, el regreso del Péplum y los discursos memorables que han pasado a la historia del cine.

Lo peor: Su larga duración y, en ocasiones, la falta de participación de otros personajes que no sean Cómodo o Máximo.

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