Crítica de “Hasta el último hombre” – Mel Gibson vuelve a la dirección

Crítica de Hasta el último hombre – Dirigida por Mel Gibson – Protagonizada por Andrew Garfield, Vince Vaughn, Teresa Palmer, Sam Worthingon, Luke Bracey, Hugo Weaving, Rachel Griffiths, Luke Pegler – Banda sonora de Rupert Gregson-Williams – Distribuidora en España DeaPlaneta. 

Después de diez años sin sentarse en la silla de director, el oscarizado visionario de Braveheart, La pasión de Cristo o Apocalypto, vuelve para traer una historia sobre un joven soldado americano basada en hechos reales. La acción se sitúa en plena Segunda Guerra Mundial, donde Desmond Doss se niega a empuñar un arma a causa de sus valores y creencias cristianas. Después de enfrentarse a las autoridades militares, consigue ser aceptado para servir en el frente japonés como médico. Un hombre que quiere estar al lado de sus hermanos en la guerra pero que de ningún modo va a sostener un rifle en sus manos, puesto que sabe las consecuencias y el peligro que conllevaría dispararlo. No es un cobarde, pero tampoco un asesino.

Gibson, a diferencia de su compañero de biopics, Clint Eastwood, crea historias a partir de sus propios valores y creencias para centrarse en cuerpo y alma en sus proyectos. En Hasta el último hombre, el director australiano sostiene el pacifismo con una mano mientras con la otra exhibe el gore y la brutalidad de la guerra. De este modo, tendremos una primera parte que se centrará en conocer a Desmod Doss, al que da vida un Andrew Garfield bastante correcto -después de su estrepitoso fracaso con The Amazing Spiderman-, para posteriormente, en su segunda hora de proyección, poder ver la otra cara de la moneda con la que Gibson ha representado el largometraje, esto es, una dura, violenta y visceral representación de la batalla de Okinawa. Por lo tanto, aunque se trate de un filme que habla de la religión cristiana, el director no tiene reparo en sacrificar la sensibilidad de algún espectador que sea blando de estómago para regalarnos una de las mejores escenas bélicas del cine en lo que va de siglo. Hablando en términos generales, Hasta el último hombre tiene un buen ritmo, una correcta ejecución y una excelente representación de los hechos. Y no solo los bélicos, sino también la de los conflictos familiares, que plasma a  través de la figura de Hugo Weaving (El Señor de los Anillos, The Matrix), donde deja ver las cicatrices que deja la guerra en el corazón de aquellos que la sobreviven.

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El director se servirá de otras películas como La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick), cuando Doss está recibiendo instrucción de combate, Salvar al Soldado Ryan (Steven Spielberg) en los momentos de batalla en Okinawa, y Pearl Harbour (Michael Bay) en su romance con Dorothy Schutte (Teresa Palmer). De este modo, la configuración y la puesta en escena que encontraremos en Hasta el último hombre no será tan novedosa como su fondo en sí. La elección que realiza Gibson al querer llevar a Desmod Doss a la gran pantalla no es sino para retratarse a sí mismo y mostrar al mundo lo que a él le gustaría ser -pese a que ya le vimos actuar como soldado en Cuando éramos soldados o El patriota-. Un simple hombre que, con el poder de la fe, puede sobrevivir a una guerra sin disparar ni una sola bala y, además, salvar la vida de decenas de soldados americanos. Dejando claro que un hombre solo necesita creer para enfrentarse a cualquier situación.

Con Hacksaw Ridge queda claro que no todos los soldados tienen que parecerse a Chris Kyle (El Francotirador) para ser reconocidos ni ser recordados como héroes. Mel Gibson teje una clara diferencia entre los hombres que van a la guerra para matar en nombre de su patria y de Dios, y los que van para defender precisamente aquello que según su parecer el todopoderoso creó: la vida. Y con esto no quiero decir que Kyle no estuviera haciendo un buen trabajo como soldado, sino que no debería ser ningún ejemplo a seguir.

El elenco de actores con los que Gibson llena su historia habla por sí solo. Desde un Vince Vaughan (El mundo perdido, Psyco) hasta un Sam Worthingon (Avatar), experimentados, la gran mayoría de ellos, en largometrajes dramáticos por lo que, se puede deducir, que el director no se la ha jugado un pelo y ha buscado un reparto que ya estuviera formado en el género para que las acciones y actuaciones no fueran forzadas. Lo cual se agradece mucho a la hora de meterse con los personajes en las trincheras y ver que las emociones fluyen y están a flor de piel.

Por lo general, tras ser apaleado años atrás por algunos de sus proyectos, Mel Gibson ha resurgido cual ave fénix para brindarnos una obra de visionado obligatorio para los seguidores de largometrajes como Salvar al Soldado Ryan, y para aquellos que quieran ver, realmente, cómo un hombre es capaz de enfrentarse a un ejército armado con tan solo una biblia y su fe. Sin duda, conseguirá colarse in extremis en los Premios de la Academia de este año.

 

Veredicto

Lo mejor: El regreso de Gibson a la dirección, la recreación cruel  y verídica de la batalla de Okinawa y la férrea defensa de valores.

Lo peor: En ocasiones, Andrew Garfield no da la talla para el papel dramático.

 

 

 

 

 

 

 

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