Análisis del plano secuencia de “Uno de los Nuestros” 

Desde que Martin Scorsese, director de la cinta de la que vamos a hablar, empezó en el cine, allá por finales de los años 60 y principios de los 70, siempre ha dejado claro que su cine va orientado en mayor o medida a la clasificación de las clases sociales y de cómo es el trato de unas con las otras –la suciedad de las calles, como al propio director le gusta llamar a dicha temática-, asunto que hemos podido ver en otros de sus largometrajes como Malas calles o  Taxi Driver. Pero en esta ocasión, la película que nos ocupa es Uno de los Nuestros, la cual posee una estructura clásica del género de gánsteres en el que Scorsese va a demostrar una vez más que nada como pez en el agua con este tipo de filmes. La escena que nos ocupa es un plano secuencia grabado con Steadycam en el que el protagonista, Henry Hill (Ray Liotta), entra en un restaurante acompañado por su futura esposa, Karen (Lorraine Bracco), para empezar a formalizar su relación. Cierto es, que el contenido del plano es algo sencillo pero arriesga mucho en lo que a cantidad de personajes en pantalla se refiere. Aparecen a diestro y siniestro y a cada segundo más, rodeando a la adorable pareja que está iniciando su romance.

Es curioso porque, durante la primera media hora de película, Scorsese utiliza un montaje más tradicional pero en el momento en el que Karen va a verse sumergida por primera vez en el mundo de los trapicheos y favoritismos  de la mafia, el director no corta ni un solo plano ni esconde nada fuera de campo, sino que nos da un paseo, junto los protagonistas, para que podamos ver de primera mano cómo funcionan las cosas realmente en la sociedad en la que vivimos: con dinero, intereses, sobornos, etc. Obviamente el plano secuencia es la justificación perfecta para esta metáfora, en la que el protagonista se salta la cola –las leyes- para tener lo que quiere en menor tiempo.

La puesta en escena que realiza es simple en su forma pero compleja en su fondo, ya que únicamente se nos muestra la enorme cocina y las pequeñas conversaciones que los personajes secundarios van manteniendo a medida que Henry y Karen avanzan hasta encontrar su mesa, la cual se prepara y se monta al instante en primera fila con una rapidez asombrosa. Todo ello acompañado, por supuesto, de una banda sonora que va in crescendo a medida que nos acercamos al gran salón.

Martin Scorsese, pues, no escoge este plano secuencia al azar, sino que lo medita y lo estudia al milímetro para que el espectador, a la vez que la co-protagonista, vean que si realmente eres parte o miembro de una organización similar a la de Henry que funciona al margen de la ley, se puede hacer lo que sea sin que nadie te lleve la contraria, es más, se recibe un mejor trato. Podría haberse hecho de otro modo falseando el recorrido de los personajes o simplemente evitando el plano secuencia pero, a Scorsese, de vez en cuando, también le gusta exhibir su talento como director para deleitarnos con una de las escenas más famosas de la historia del cine.

 

 

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