El Bar (2017, Álex de la Iglesia)

Los films de Álex de la Iglesia siempre tienden a estar caracterizados por cierto caos, aunque el director siempre encuentra el modo de instaurar cierto orden al final. En su último largometraje, El Bar, encierra a un grupo de personas en el establecimiento más visitado por un español un día laboral, un bar, y las obliga a colaborar entre sí para poder averiguar qué está pasando en el exterior para poder salir -es decir, un whodunit-.
El argumento, aún a pesar de que esté lleno de humor negro etiquetándolo así fácilmente de comedia, fluye entre diversos géneros sin definirse con ninguno del todo, lo que le permite tener mayor flexibilidad a la hora de desarrollar sus actos. De este modo, el director hace uso del suspense, el thriller o el terror en los momentos que cada cual sea preciso. Jugando así con el ritmo como a él le venga en gana.

De la Iglesia abre el film de un modo espectacular, moviendo la cámara con suma suavidad y naturalidad por las calles de Madrid mientras que, a su vez, presenta a los personajes que van a componer la historia. El elenco de actores es el habitual en su filmografía, a pesar de que esta vez desaprovecha a algunos como Terele Pavez por su escasa aparición en pantalla, y se sirve de otros como Blanca Suárez o de un Jaime Ordóñez camaleónico que interpreta distintas facetas dentro de un mismo personaje -y cuya evolución es la mejor de todas-.

El Bar consigue mantener al espectador enganchado, apostando, como si de un juego se tratase, sobre quién va a sobrevivir y quién no. Convirtiendo el film en un espectáculo macabro donde el miedo toma el control de los protagonistas y nos percatamos de cómo las personas pueden llegar a cambiar si este se apodera de su ser. Es entonces cuando la historia realiza un giro de guión en un acto similar al del descenso a los infiernos de Dante, y los hechos cada vez se llevan más abajo hasta terminar en las alcantarillas, donde el film pasa a ser escatológico y pierde fuerza narrativa. Pero, por suerte, lo compensa con un enfermizo final.

No es lo mejor de Álex de la Iglesia, pero sí lo mejor que ha traído desde Balada triste de trompeta. Con todos los ingredientes propios de un thriller, el director bilbaíno hila y teje una historia de horror complementada con altas dosis de humor negro para hablarnos sobre la verdadera identidad de cada uno y el status quo de la España actual. Las referencias a La noche de los muertos vivientes (George A.Romero) o a The Thing (John Carpenter) -solo que aquí se cambia al mutante por una pistola- adaptadas a un simple bar de Madrid funcionan de maravilla.

 

Veredicto

Lo mejor: La idea, los personajes y el enfermizo desenlace.

Lo peor: Se hace un poco lenta en su segundo acto. Algunos personajes desaparecen demasiado temprano.

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