Alanis (2017, Anahí Berneri)

Alanis bien podría haber sido un documental. Hubiera funcionado del mismo modo, pero, en contra, se habría perdido la oportunidad de entrar en ese contacto íntimo con la protagonista, cuyo nombre da título al film, con el que la directora, Anahí Berneri, quiere que convivamos durante la proyección de la película. Que no deja de ser una simple historia en la que somos testigos del día a día de una madre que ejerce la prostitución para procurarle un hogar a su hijo pequeño –y a ella misma-. Pero ya sea porque aún actualmente la prostitución y el sexo es un tema tabú, o porque uno no está acostumbrado a ver determinadas escenas realmente crudas como en las que Alanis mantiene relaciones sexuales con clientes por dinero, el último film de Berneri es duro de ver. Es la pura realidad que se vive por la noche en la calle. Interpretada y bajo en guion premeditado, sí, pero es seguramente lo más veraz que corre por los cines ahora mismo. Contiene en su haber momentos desagradables que consiguen impactarte porque Berneri no te permite retirar la mirada por el poder de atracción que desprende Sofía Gala como protagonista. Su fuerza como protagonista es tal que incluso una vez se ha terminado la cinta, se le sigue dando vueltas a las situaciones por las que debe pasar para vivir prácticamente al día con lo que saca de cada usuario. Y, Alanis, solo es una de las muchas mujeres que pasan por una situación similar. Es por ello por lo que el mérito de Gala aquí es máximo, porque representa a miles de casos similares y los carga a sus espaldas. Y, la vedad, consigue que te creas absolutamente todo lo que ves gracias a su compromiso con el papel.

alanis-h_2017

Ahora, la que está detrás de las cámaras, Anahí Berneri, también merece un aplauso por romper con esos tabúes que no permiten mostrar al gran público este tipo de profesiones. Sin vergüenza ni miedo alguno, la directora retrata con el mayor realismo posible las vivencias que pasa alguien que se dedica a esto por pura supervivencia. De hecho, profundiza su mirada hasta el funcionamiento de dicho negocio. El aire de mafia y cine de gánsteres que se respira cuando se invade, sin querer, el espacio que ocupa cada una para su trabajo. Y todo ello lo acompaña, a su vez, con una forma peculiar de hacer cine. No se ciñe a las reglas básicas del cine mainstream hollywoodense y rompe la armonía de los planos haciendo que estos, en su mayoría, estén descuadrados y no abarquen por completo todo lo que sucede ante la cámara. Que no es que juegue con el fuera de campo. Más bien deja la cámara en un punto fijo, como si no estuviera allí, para intentar captar mejor esa realidad del mismo modo que lo hacían los hermanos Lumière en los inicios del cine. Creando largos planos fijos donde se es testigo de todo lo que rodea a Gala.

Alanis pretende ser más que un drama. Quiere sacar a la luz los temas prohibidos de la noche representados por una Sofía Gala espléndida que debería llevarse todos los premios posibles a mejor actriz. El cinema vérité y Alanis, no están en ejes tan separados.

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