Spielberg aborda el periodismo como pocos, o ningún, cineasta ha hecho. The Post no solo es un retrato de la dura situación de libertad de expresión que sufrieron algunos de los periódicos estadounidenses más importantes. Es un retrato que va más allá de los años setenta y se ajusta a las condiciones que algunos medios de comunicación padecen a día de hoy. Y por mucho que Spielberg esté sumamente orgulloso de ser americano y su anterior película, El puente de los espías, sea, junto a determinados momentos de The Post, un ejercicio de orgullo patrio, aquí expresa sin ningún miedo que los dirigentes del gobierno de Estados Unidos no son perfectos, y mucho menos unos santos que velan por la plena seguridad de su país tal y como hacen creer a todos.  En The Post, Spielberg cuenta la enzarzada batalla que tuvieron The New York Times y el Washington Post contra el gobierno de Nixon por publicar los archivos del Pentágono que contenían información secreta acerca de la guerra de Vietnam. Y lo filma como si se tratase, prácticamente, como un thriller de Jaume Collet-Serra con Neeson guardado en la recamara. Spielberg no se limita a dejar la cámara quieta y rodar las escenas de una forma clásica. La mueve por las oficinas, despachos y casas con la esperanza de dar vida a un asunto que, por otro lado, podría haber sido carne de documental en vez de film mainstream de Hollywood.

THE POST

Pero, a pesar de que sea una de sus obras más maduras, tampoco se olvida de filmar las escenas de acción con las que abre The Post con el mismo mimo con las que rodaba los tiroteos en Salvar al soldado Ryan. Es decir, no deja ninguna secuencia sin pulir y adapta su estilo, o lo mejor de sí mismo, en cada una de las escenas. Hasta las conversaciones telefónicas entre el presidente y sus lacayos están rodadas con un alma de suspense que roza el cine de género. Como si los que hablasen fueran los villanos planificando cómo van a derrotar a sus enemigos. Y la cosa va a más cuando en una escena presenta al traidor que ha publicado los archivos “prohibidos” en una habitación con una iluminación salida del expresionismo alemán.

Para más inri, y por suerte para él, además, cuenta con dos actores veteranos como son Tom Hanks y Meryl Streep. Ambos muestran una complicidad tan fascinante que realmente te crees en todo momento aquello que Spielberg pone ante la cámara. Aunque puede que Hanks también se mereciese alguna nominación, puesto que ofrece una interpretación única en su carrera. Tal vez, incluso, al mismo nivel que su querida Forrest Gump por su implicación física con el personaje.

The Post puede pecar en algunos momentos de perder el norte y no ir directamente al grano para construir de fondo algo de subtrama y estirar un poco más los actos. Pero, desde luego, tanto por su inicio, sus personajes principales y ese final tan ensalzado que pone los pelos de punta, merece ser tratada como una de las películas más destacadas de la filmografía de Spielberg.

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